Por Cyyyrykam
Siempre tendemos a creer que si viajáramos al pasado sería prácticamente como hoy día, pero con ligeras diferencias, cuando en realidad el pasado es como si viajáramos a otro país, con sus costumbres, su forma de hablar y su pensamiento totalmente diferente de cómo es hoy día.
Imaginemos por un momento que vamos al pasado gracias a una máquina del tiempo, una deformidad en el espacio tiempo o un brebaje hecho con relojes atrasados, y viajamos a la Europa pre-moderna (es decir, de antes del siglo XV).
Lo primero que nos chocaría sería el olor. La gente vivía con sus animales dentro de la casa, y cuando hablamos de animales no hablo de gatos o perros que son relativamente limpios, sino de vacas, cabras y cerdos. La gente no se lavaba (se solía considerar que producía graves enfermedades). Si tuviésemos que buscar a gente “relativamente” limpia, tendríamos que irnos a los países musulmanes, que gracias a sus abluciones rituales eran de lo más limpios de la época.
Muy relacionado con lo anteriormente dicho, encontraríamos a la gente sucia. Manos, uñas, cara y ropa con mugre. La ropa no se solía limpiar a no ser que te cayeras a un río o a un barreño. La gente se rascaban mucho: los piojos, las pulgas y las pulgas de la ropa (animalitos que no empezarían a menguar hasta la aparición del jabón) hacían su agosto en esta época.
Después de todo este preámbulo llegamos al título de este artículo: la forma de contar en aquella época.
Antes de que la forma de contar “arábiga” (que en realidad es hindú) se introdujera en Europa, existían dos formas de contar: la culta, con los números romanos y la “ordinaria”.
El analfabetismo era lo común en aquella época. Los únicos letrados eran algunos monjes y algunos nobles. Incluso la gran mayoría de los reyes no sabían leer ni escribir. Cuando hablamos de analfabetismo, no sólo estamos hablando de “leer” letras, sino también de “leer” números. Las gentes de aquella época sabían leer los números, mirándose las manos.
Este tipo de numeración manual fue usada por los pueblos mediterráneos (Europa y Oriente próximo) desde la antigüedad a la época reciente. Se trata de un procedimiento parecido a los métodos de expresión de los sordomudos. Con gestos ejecutados con una o ambas manos a la vez, permitía representar números desde el 1 hasta el 9.999.
NOTA: Los números que están repetidos en las figuras anteriores corresponden a la numeración oriental.
Sabemos cómo contaban porque tenemos dos descripciones de la época que nos dicen cómo se hacía.
La primera es un monje irlandés del siglo VII d.C. llamado Beda el Venerable. Dentro de su obra De ratione Temporum (Sobre la división del tiempo), hay un capítulo titulado “De computo vel loquela digitorum” (Sobre la manera de contar y hablar mediante los dedos).
La segunda se encuentra en Farhangi Djihangiri, un diccionario persa del siglo XVI.
Nos encontramos pues, con dos obras que “distan” 9 siglos, y que sin embargo tratan de lo mismo, aunque con ligeras diferencias. En el “De computo vel loquela digitorum”, nos muestra como mediante la mano derecha se puede contar unidades y decenas, mientras que la otra mano era para las centenas y los millares, mientras que en el Farhangi Djihangiri, se contaba con la mano izquierda las unidades y decenas, mientras que la otra mano era para las centenas y los millares.
Esta forma de contar ya la encontramos en numerosas téseras funerarias
romanas, de diversas excavaciones arqueológicas en distintas provincias del
imperio (especialmente en suelo egipcio). Estas téseras corresponden a
pequeñas cuentas de hueso o marfil representando por un lado las figuras
digitales y por otro la formulación en cifras romanas.
También poseemos testimonios de numerosos autores latinos: el poeta Juvenal (55-135) en la décima de sus Sátiras, dice de Néstor, rey de Pilos (que se decía que vivió más de un siglo): “Venturoso Néstor, que habiendo superado la centena, cuenta ya sus años con la mano derecha”.
Tenemos el testimonio más antiguo de este sistema en Cirilo de Alejandría (376-444) que es el que en su Liber de computo nos ofrece la más antigua descripción conocida del sistema (“De flexibus digitorum”).
Había otra razón por la cual esta numeración manual era tan popular: su carácter secreto o misterioso. Si se hace corresponder el número 1 a A, el 2 a B, etc, nos encontramos con que mediante gestos se podía expresar frases complejas si otros no miraban las manos del que las realizaba. Beda el Venerable dice: “Una especie de lenguaje manual (manulis loquela) que puede representar mediante el cómputo (…) tanto para ejercitar el espíritu como por diversión. (…) Para decir a un amigo ‘Caute age’ (cuidado amigo) en presencia de gente indiscreta o peligrosa, hazle con los dedos (los siguientes gestos)”
Tras la caída del imperio romano, la cuenta manual llega a su auge, y era la forma con que se enseñaba lo poco que sabían las gentes de números. Hasta hace sólo 400 años su uso estaba tan difundido que incluso los eruditos europeos pensaban que un manual de aritmética no estaba completo si no incluía esta forma de contar. Con la entrada de las cifras “árabes” el conteo manual comenzó su declive y olvido.
En el mundo árabe tenemos también este tipo de numeración, prácticamente desde el nacimiento de dicha cultura. Así la cita de Ibn Sa’as (muerto sobre el 850), es una de las más antiguas de dicho procedimiento manual: “El famoso compañero de Mahoma, Hudaifa ibn al Yaman, simbolizó el anuncio del asesinato del califa Ozmán, como se suele indicar el número 10, y suspiró: ‘Se produce en el Islam un hueco (parecido al del gesto) que una montaña apenas sería capaz de llenar’.”
Ya hemos hablado de juegos por diversión asociando números a letras. Pero hay otros usos, menos “espirituales”. En el Ahmad al Barbir al Tarabulusi (texto árabe para aprender a contar del año 950) encontramos una alusión obscena realizada con este método. En uno de sus comentarios para hacer memorizar a los alumnos los gestos concernientes a los números 30 y 90, dice:
“Un poeta se mostró muy sutil al decir en un epigrama contra un bello adolescente llamado Khalid: ¡Khalid partió con una fortuna de 90 Dirhams y a su regreso sólo le quedaba un tercio!”
Pudiera parecer un comentario inocente, pero en realidad es una crítica sobre que el tal Khalid era homosexual: Khalid salía estrecho y volvía más ancho.
A continuación aparecen las distintas maneras de expresar del 1 al 9.999. Están todas en la forma “occidental”. La forma “oriental” es igual pero realizada con la mano contraria, salvo excepciones que expondremos cuando proceda.
Como conclusión me gustaría indicar que incluso la primera carta del Tarot está con este tipo de numeración, que si bien parece otro gesto inocente (cogiendo una flor) en realidad representa un número.
En un artículo posterior explicaré cómo los antiguos realizaban sumas, restas, multiplicaciones y divisiones con esta forma de contar.