Hoy es - Número 6 - Año 1

Cultura


"Il Vangelo Delle Streghe" de Charles G. Leland: Un clásico sometido a análisis.

Por Harwë Tuileva.

Me ocupo en esta ocasión de un libro ampliamente conocido, "Il Vangelo Delle Streghe" (El evangelio de las brujas") de Charles G. Leland. De este libro se ha hablado dentro y fuera del mundo wiccano, siendo considerado para algunos como "la Verdad" (con mayúsculas) y para otros es simplemente un cuentecito de cierta bruja de existencia dudosa.

No podemos negar, de todas formas, la importancia de este libro para la posterior salida a la luz pública de la Wicca. Comprendo que Leland y Margaret Murray fueron, aunque normalmente son puestos en duda, los que pusieron el germen de la wicca tal como la conocemos hoy. Puede que algunos gardnerianos sientan ganas de asesinarme tras decir lo que voy a decir, pero desde mi modesta opinión estos dos autores influenciaron, junto con Aleister Crowley, al posterior "fundador oficial" de nuestra religión. Si Gardner es el padre de la Wicca, Leland es uno de sus abuelos.

El libro que analizamos en esta ocasión se encuentra por regla general en italiano e inglés. El italiano fue la lengua usada por Maddalena, la bruja con la que Leland hizo su investigación y su principal fuente de información, a quien efectuó gran parte de las entrevistas que le servirían de base para su obra. Leland se sirvió de lo conocido en el argot antropológico como "observación participante" y "entrevista en profundidad", métodos con los que acabó obteniendo su libro, casi dictado al pie de la letra por Maddalena, la bruja italiana que era objeto de su estudio.

El libro fue publicado en el año 1899. Ya en su prefacio, Leland expresa su primera sorpresa: considera que los mitos de las brujas pueden ser más antiguos que los romanos, remontándose incluso al tiempo en el que los etruscos estaban en la Península Itálica. Es por ello, argumenta, que las prácticas de estas brujas, que seguían practicando la brujería desde generaciones incontables, habían escapado a las crónicas de escritores romanos como Ovidio, pues ya en la época romana tales prácticas se llevaban en secreto.

Leland da a continuación una breve explicación de lo que el lector se va a encontrar en las siguientes páginas: un mal llamado "evangelio" en el que se anuncia la llegada de la hija de la Diosa Diana (considerada como diosa madre), llamada Aradia o Herodias. Suena familiar, ¿verdad? En efecto, Leland compara claramente el mito de Aradia con el de Jesucristo, no sabemos si porque él mismo influyó en hacer converger las dos visiones, o si el mismo Cristianismo había hecho que ambos mitos se fundieran a ojos de las brujas (aunque en femenino).

La Diosa Diana del Vangelo es considerada más bien como la "Magna Mater", siendo equiparable a Demeter o Cibeles, aunque con las características lunares de diosas como la misma Diana o incluso Isis. Es, por tanto, una deidad básicamente lunar, si bien se narra cómo ella fue la creadora de todo lo que existe, característica que se suele identificar más con una deidad creadora de la Tierra.

Es curioso el mito de la creación que narra el Vangelo. Diana creó de su propio cuerpo a su hermano-consorte Lucifer, el dios de la Luz y de lo material. Así, ella se enamoró de él y le buscó por incontables caminos hasta que consiguió estar con él, encarnándose en la forma de una preciosa gata. De esta guisa, pasó la noche con el apuesto Lucifer y quedó embarazada de Aradia, su hija, quien debido a la mezcla de su madre con Lucifer, nació siendo humana y se le encomendó la misión de liberar a los esclavos pobres del yugo de los ricachones que les habían esclavizado.

De esta forma, Diana es considerada diosa espíritu y diosa del Caos a la vez. Es caos porque de ella desciende todo, se ordena y forma la materia (representada por Lucifer, el dios de la luz y lo material). Diana logra encarnarse en una gata, es decir, en algo material, lo que, según algunas interpretaciones como la Correlliana, significa que la diosa se encarna en cosas vivientes para "sentir" la materia que ella misma ha creado (de ahí la vida y la unión de espíritu y materia). De la unión de ambos nace la diosa-heroína Aradia, quien, como vemos, es más una heroína política que otra cosa, pues su misión era liberar a los oprimidos.

El resto del libro es un compendio de hechizos y rituales, del que cabe destacar la consagración de la cena (parecida al ritual de "Tortas y cerveza") y la celebración del Sabbat, tema en el que Leland coincidía con Margaret Murray, quien también estudió a fondo este tema, y de quien hablaremos en el siguiente número.

Como conclusión, diríamos que la mano de Leland se nota en todo el libro, no sólo por el título (llamando "Evangelio" a algo que en gran medida es un compendio de rituales) sino porque supo poner lo que más le interesaba en las primeras partes: así, el libro parece verdaderamente un evangelio, comenzando por el Génesis brujil, siguiendo por la creación y la misión de Aradia, y terminando por la liturgia propia de la religión que Leland quería plasmar.

No obstante, hay que agradecer a este libro la salida a la luz de la tradición Strega, que si bien no se basa del todo en el Vangelo, sí tiene muchas influencias de este libro. El resto lo dejo para los lectores, quienes podrán encontrar suficiente información sobre "Il Vangelo Delle Streghe" en internet.


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